En medio de estos días de clausura y presión obligatoria; una amiga me hizo este hermoso regalo de afinar en vez de estar en el confinamiento. Suena fácil y no lo es. Como quitar capas de ese ruido rutinario de hacer, correr, volver a correr, hacer más hasta desfallecer .
Poder confrontar eso aprendido de Ser a través de Hacer y cuando lo perdemos..que nos queda? Quién soy sino hago, si no soy mi trabajo, mi reputación ? Lo que se espera de mí ? Lo que me toca? Lo que tiene que ser?.
Dónde estoy? Quién soy? Qué necesito? Que siento? Qué estoy haciendo para ayudarme y acompañarme? … Quién soy si «lo pierdo todo».
Todo esto nos obliga a un desnudo poco conocido, desate de angustias ,ansiedades , paranoias, distorsiones y demás torturas emocionales…qué queda después de soltar todos esos trapos? …
Hacer el ejercicio: cerrar los ojos, colocaros delante del espejo, volver a abrir, que queda de vosotros en esta cuarentena larga y extensa ? Nos hemos podido ver, vislumbrar y atrevernos a estar? O nos hemos seguido tapando con el teletrabajo? Multitareas del hogar,convivencia sostenida o ruidos contratados?.
Aprender a quedarnos no es milagro de cuarenta; requiere trabajo personal, compromiso, esfuerzo, ganas de evolucionar en lo interno con tanto empeño como nos parece evolucionar en lo práctico.
Quizás es un desnudo profundo que cuesta , incomoda hasta hacerlo un derecho natural. Ahora más que nunca creo que se hace requisito de salud básico .
Sigo soñando con salir y que todo esto haya despertado ese deseo de intimidad profundo más curiosidad por una nueva era que vaya más de cultura emocional que de faranduleo aparente.
Y descubrir que mientras estemos vivos y nos tengamos a nosotros mismos , siempre será más fácil poder seguir..

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